Hola Sr. Presidente
Espero que esté bien. Como dudarlo?¿verdad? Debo reconocer mi ingenuidad.
Pero creo que la mayoría de mis compatriotas, como yo, hemos pecado de
ingenuos o ignorantes, nunca pensé escribir nada a nadie, y menos a usted.
Desde acá, abajo se lo ve muy distinguido ¿sabe?, nunca me atrevería a
dirigirle la palabra, imagínese, un simple desempleado como yo. Ni siquiera
cuando el colectivo donde viajaba tenía que esperar unos minutos enteros
sobre la Avda. Mcal. López, a que usted cruzara, con su despampanante
caravana. Yo, a quien por ese trabajo que todavía no había cerrado, nunca
dije nada. Pero creo que ahora, Sr. Presidente, usted me tiene que escuchar,
o mejor dicho leer. Estoy en un lugar en donde nunca pensé estar, o por lo
menos no en estas circunstancias: en el bar del aeropuerto Silvio Pettirosi
y no estoy sirviéndome nada, aunque ganas no me faltan, me dijeron por ahí
que acá pagan muy bien, pero estoy por otro motivo. Estoy esperando el vuelo
354 de la empresa American Airlines. Voy a los Estados Unidos. Nooo ni lo
piense, no voy a pasear por Miami, no voy a ver a las estrellas de cine.
Mucho menos voy a la universidad como sé que algunos de sus familiares están
haciendo como posgrado o lo que sea que hayan estudiado. No, señor, yo voy
a tratar de encontrar trabajo. Estoy dejando a mis hijos ¿sabe? Yo tengo dos
hijos que ahora están en casa. Están con Isabel, mi señora. No vinieron a
despedirme aquí, tal vez yo no soportaría esta despedida. Sí, es cierto. No
soy un paraguayo de los que cuentan los libros de historia. Soy un paraguayo
cobarde de los que lloran en las despedidas. ¿se puso a pensar, Sr.
Presidente, que esta despedida puede marcar la diferencia entre ver a mis
hijos bien algún día o no verlo nunca más? Tengo miedo, Sr Presidente, no
quiero marcharme, pero ¿qué hay para hacer acá, Sr. Presidente? No hay nada.
Busqué trabajo mucho tiempo. Sí que lo hice, sólo Dios y mi señora saben lo
que hice, pero las respuestas eran siempre las mismas, LO VAMOS A LLAMAR, NO
HAY VACANCIA. Estoy muriendo por dentro, Sr. Presidente. Dentro de un mes
es el primer añito de mi hija, María paz, y yo no voy a estar en esa foto
que ella algún día vera. No voy a estar junto a ella cuando por las noches
se despierte por algo que le haya asustando. No voy a verla crecer. No voy a
ver su primer día en la escuela. ¿Y Arnaldo? Arnaldo va ser un buen chico.
Juega bien al fútbol. Creo que tiene posibilidad de triunfar. Esta mañana me
abrazó y me dijo: papá, dentro de cuanto tiempo vas a venir? Yo le respondí:
dentro de unos meses, te lo aseguro. Mentí. No le puedo asegurar nada. Dejo
a mi familia Sr. Presidente. Dejo lo más preciado de mi vida. Se imagina UD.
Estar en mi lugar. Sigo siendo ingenuo ¿verdad? Cómo hice con la visa y
demás? Fácil!, estamos en Paraguay, Sr. Presidente, en su paraguay con
minúsculas, acá todo se consigue, tarjetas de crédito, una cuenta de ahorro
por unos cuantos millones de guaraníes, documentos de casa, impuestos,
documentos de vehículos, aunque nunca tuve ni una carretilla. Pero gracias a
su gobierno pude conseguir todo. Se me antoja ahora que el estado que usted
preside es una especie de gran empresa de sepelios: te dan todo, pero te
quitan a un ser querido. Usted señor Duarte Frutos, me quitó a mi familia.
Hoy emprendo una aventura que no sé si va a tener un final feliz. Me voy
desesperado, desahuciado. Dejo sola a Isabel, ella nunca estuvo sola desde
hace 15 años. Ella se queda sola y yo, Dios quiera, le pueda enviar algo de
dinero para los gastos. Me he jugado. Tal vez usted nunca lea esta carta. Se
la dejo aquí, por si algún amigo suyo lo encuentre. Amo mi país, nuestras
costumbres, y solo le pido una cosa. Sr. Ud. Que me quitó todo mi querido
país y mi familia, por no darnos oportunidad a los que sobrevivimos bajo su
mando, por pensar solo en su bolsillo. Por favor si alguna vez lee esto,
deséeme suerte.
Firma: Un paraguayo como usted.
Hola Sr. Presidente
Espero que esté bien. Como dudarlo?¿verdad? Debo reconocer mi ingenuidad.
Pero creo que la mayoría de mis compatriotas, como yo, hemos pecado de
ingenuos o ignorantes, nunca pensé escribir nada a nadie, y menos a usted.
Desde acá, abajo se lo ve muy distinguido ¿sabe?, nunca me atrevería a
dirigirle la palabra, imagínese, un simple desempleado como yo. Ni siquiera
cuando el colectivo donde viajaba tenía que esperar unos minutos enteros
sobre la Avda. Mcal. López, a que usted cruzara, con su despampanante
caravana. Yo, a quien por ese trabajo que todavía no había cerrado, nunca
dije nada. Pero creo que ahora, Sr. Presidente, usted me tiene que escuchar,
o mejor dicho leer. Estoy en un lugar en donde nunca pensé estar, o por lo
menos no en estas circunstancias: en el bar del aeropuerto Silvio Pettirosi
y no estoy sirviéndome nada, aunque ganas no me faltan, me dijeron por ahí
que acá pagan muy bien, pero estoy por otro motivo. Estoy esperando el vuelo
354 de la empresa American Airlines. Voy a los Estados Unidos. Nooo ni lo
piense, no voy a pasear por Miami, no voy a ver a las estrellas de cine.
Mucho menos voy a la universidad como sé que algunos de sus familiares están
haciendo como posgrado o lo que sea que hayan estudiado. No, señor, yo voy
a tratar de encontrar trabajo. Estoy dejando a mis hijos ¿sabe? Yo tengo dos
hijos que ahora están en casa. Están con Isabel, mi señora. No vinieron a
despedirme aquí, tal vez yo no soportaría esta despedida. Sí, es cierto. No
soy un paraguayo de los que cuentan los libros de historia. Soy un paraguayo
cobarde de los que lloran en las despedidas. ¿se puso a pensar, Sr.
Presidente, que esta despedida puede marcar la diferencia entre ver a mis
hijos bien algún día o no verlo nunca más? Tengo miedo, Sr Presidente, no
quiero marcharme, pero ¿qué hay para hacer acá, Sr. Presidente? No hay nada.
Busqué trabajo mucho tiempo. Sí que lo hice, sólo Dios y mi señora saben lo
que hice, pero las respuestas eran siempre las mismas, LO VAMOS A LLAMAR, NO
HAY VACANCIA. Estoy muriendo por dentro, Sr. Presidente. Dentro de un mes
es el primer añito de mi hija, María paz, y yo no voy a estar en esa foto
que ella algún día vera. No voy a estar junto a ella cuando por las noches
se despierte por algo que le haya asustando. No voy a verla crecer. No voy a
ver su primer día en la escuela. ¿Y Arnaldo? Arnaldo va ser un buen chico.
Juega bien al fútbol. Creo que tiene posibilidad de triunfar. Esta mañana me
abrazó y me dijo: papá, dentro de cuanto tiempo vas a venir? Yo le respondí:
dentro de unos meses, te lo aseguro. Mentí. No le puedo asegurar nada. Dejo
a mi familia Sr. Presidente. Dejo lo más preciado de mi vida. Se imagina UD.
Estar en mi lugar. Sigo siendo ingenuo ¿verdad? Cómo hice con la visa y
demás? Fácil!, estamos en Paraguay, Sr. Presidente, en su paraguay con
minúsculas, acá todo se consigue, tarjetas de crédito, una cuenta de ahorro
por unos cuantos millones de guaraníes, documentos de casa, impuestos,
documentos de vehículos, aunque nunca tuve ni una carretilla. Pero gracias a
su gobierno pude conseguir todo. Se me antoja ahora que el estado que usted
preside es una especie de gran empresa de sepelios: te dan todo, pero te
quitan a un ser querido. Usted señor Duarte Frutos, me quitó a mi familia.
Hoy emprendo una aventura que no sé si va a tener un final feliz. Me voy
desesperado, desahuciado. Dejo sola a Isabel, ella nunca estuvo sola desde
hace 15 años. Ella se queda sola y yo, Dios quiera, le pueda enviar algo de
dinero para los gastos. Me he jugado. Tal vez usted nunca lea esta carta. Se
la dejo aquí, por si algún amigo suyo lo encuentre. Amo mi país, nuestras
costumbres, y solo le pido una cosa. Sr. Ud. Que me quitó todo mi querido
país y mi familia, por no darnos oportunidad a los que sobrevivimos bajo su
mando, por pensar solo en su bolsillo. Por favor si alguna vez lee esto,
deséeme suerte.
Firma: Un paraguayo como usted.